ROMANCE DE LA DONCELLA DE BUERA
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| Sobre los ruejos del puente, a lomo de sus caballos, Armados de cimitarras, y lanzas en el costado, Las huestes moras cabalgan, Por la mañana temprano. El rey de Alquezra los manda, van a cazar un venado. Unas cristianas de Güera, en el río están lavando. El rey moro las contempla, y se siente encaprichado. Se olvida de la partida, y comenta a sus vasallos Esa doncella garrida, de los cabellos dorados, La quiero para mi harén, invitadla a mi palacio |
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| Así el
emisario habló: Doncella con ojos claros Mi rey y el tuyo desea, a bien cenar convidaros Tomareis ricos manjares, los más preciados bocados Si aceptáis la invitación, tendréis hermosos regalos Si la invitación negáis, tu familia ha de pagarlo |
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| Así habló
la doncella: Poderosos alquezranos Caballeros del rey moro, vuestro rey y mi tirano Semejante invitación, no es la primera que ha dado A otras cristianas doncellas, que más tarde ha abandonado, Llenas de oprobio y vergüenza, después de haberlas gozado. Si la invitación acepto, mi nombre se habrá trocado En desdicha para todos, en deshonor y calvario. Libradme de esta desgracia, ¡oh! Caballero medrado |
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| Así el
sarraceno habló: Sólo puedo aconsejaros Que cumpláis lo que se os pide, pues nuestro rey ha ordenado Que si sus deseos negáis, a cuchillo sean pasados Tus parientes más queridos, cómo ejemplo escarmentado. Y a la fuerza se os someta, lo que no queréis de grado. |
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| Con fiereza
dan la vuelta, y se alejan galopando Dejando una niña rota, una moza sollozando Las cristianas lavanderas, le acompañan en su llanto Y mientras suben a Güera, con la ropa en los canastos Canastos en la cabeza, la cabeza cavilando La niña de Pablatorre, en mujer se va tornando. |
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| No bien
llegadas a Güera, un plan ha determinado Que mata al moro,lo mata, que muere al moro matando Que de esta guisa se salva, no sólo el pueblo aldeano Su honor se salva primero, y zaguero son salvados El honor de tantas otras, que apeteciera el tirano. |
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| Todas las
almas de Güera, se indignan y hacen quebranto Los de Mur levantan puños, Ayerbes gritos y llantos Los de Grasa y los de Moncho Junto a Callizos y Calvos Gimiendo y amenazando Los de Cuello y Franchocuello Con Betozes renegando Lloran los de Subías Castillones y Palacios Perallones, Gramiseles Los de Puches y otros tantos Todas las gentes de Güera, Nombrados y no nombrados A voz en cuello reclaman la caída del tirano. |
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| La de
Pablatorre habla, y le dice a sus paisanos Esta noche ha de pasar, que ese sátiro pagano Confiado en su bravura, ponga su vida en mis manos Y soy más brava que él, tan brava como un jabato Sólo me falta tener, el arma que ha de matarlo El pueblo de Güera habla, mirad lo que han acordado Si tú niña has de matar, con tus manos al tirano Nosotros acabaremos, con todos los sus vasallos De Güera a San Pelegrín, reuniremos los cristianos De Raiquero a Adagüesca, todos con armas en mano En Colungo, Asque y Güerta Y en todos los aledaños Presentaremos batalla, al infiel y sus caballos Con nuestras armas del pueblo, forcas, jadicos y palos Enfrentaremos valor, a los lanceros paganos Venceremos al rey moro, que nos domina de antaño Los de Güera eso dijeron, y marcharon por los campos Alertando a los demás, de los lugares cercanos. |
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| María de
Pablatorre, a otra María ha avisado Mujer de ricos recursos, con las hierbas y las manos Es partera y curandera, mujer de consejo sabio Así la doncella habló: preciso de un vino rancio Querida tía María, con hierbas envenenado Para que lleve la muerte, al rey moro tan odiado. |
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| Así habló
la de Colás, con cariño y con cuidado Tal cosa no te daré, que el rey moro es avisado Y antes de tomar la cena, sus siervos ya la han probado Y si envenenada fuese, matarías un cristiano Y el Rey Moro reiría, obligándote a tomarlo. La adormidera es la flor, que puesta en el vino rancio Un trago no tiene nada, muchos, sopor solapado. Hazle beber esta noche, de tu vino regalado Y cuando en sus aposentos, con cariños y arrumacos A la usanza mora peines, sus cabellos enredados No dudes que dormirá, por el ababol tocado. Será niña tu ocasión, de cumplir lo encomendado. Sienta María a la niña, y con avezadas manos Los rubios cabellos peina, con primoroso tocado Dentro del moño ha escondido, un corte muy afilado. |
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| El padre de
la niña habla, Está triste y angustiado Eres valiente zagala, pero ten mucho cuidado. Una luceta en la falsa, se verá desde el serrallo. No olvides que es la señal, que indica se han consumado Los preparativos previos, de los cristianos soldados Muévete con tiento hija, Lucero del Semontano Orgullo de tu raza eres, de tu padre bien preciado. |
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| La zagala
valiente habla: padre no tengas cuidado Si he de morir esta noche, habré de morir matando. Y habré de dejar señal, de que se ha cumplido el pacto. |
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| ¡Pero las
horas se pasan, y el tiempo se va acercando! ¡Que de romero y espliego, bañen mi cuerpo serrano! ¡Que las mozas me engalanen, con los más bonitos paños! ¡Que perfumen mis cabellos, con los perfumes más caros! Como si una novia fuese, a seducir a su amado Quiero estar bella, muy bella, deslumbrar en el serrallo. Y enjaecéis de gran fiesta, a la yegua del establo. |
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| Montada en
su blanca yegua, la niña parte volando Bajando el monte de Güera, entre jazmines y nardos Como una fada del bosque, llena de gracia y encanto Los colores le han subido, el río Vero cruzando Ya siente cerca el peligro, pero quiere no pensarlo. Ya sube el monte de Alquezra, mas no ha reducido el paso Es su yegua vigorosa, el peso de ella liviano |
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| En la
puerta del Alcazar, el sarraceno admirado Deja pasar a la moza, sin tener otro cuidado. El Rey moro seducido, de su belleza prendado Los regalos de la dama, los recibe alborozado. |
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| La dulce
dama le dice: ¡oh! Mi señor admirado De la huerta de mi padre, son estos higos tempranos De las viñas de mi casa, te ofrezco este vino rancio De la leche de mis cabras, este queso tan curado Y de los montes de Güera, mis abejas fabricaron Esta miel, miel sobre hojuelas, que entrego a mi soberano. |
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| El rey moro
le contesta, por la dama arrebatado: A tu padre y a tu casa, he de colmar de regalos Pues el regalo mayor, en tu persona me han dado. Un banquete nos espera, que ya os tengo preparado Dátiles y frutas varias, que provienen de Damasco Viandas y extrañas especias, de los países lejanos Argel, Siria y Bagdad, brillarán en nuestros platos Y tendremos carne fresca, de ciervos del Semontano Y los vinos de la tierra, regalarán nuestros vasos Y las hetairas de Cádiz, con sus danzas y sus cantos Embriagarán los sentidos, de todos los convidados. Y tu, mi deseada dama, presidirás con tu encanto Mi corazón y mi lecho, y a todos nuestros vasallos Que he de convertirte en reina, de todos los alquezranos |
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| Cuando la
fiesta termina, de viandas y vinos hartos Cuando las danzarinas, agasajan invitados Y a la doncella de Güera, le brillan sus ojos claros Está el Rey enfebrecido, ante tamaños encantos Quiere llevarla a su lecho, y con impaciente mano Conduce a sus aposentos, a la hija del güerano |
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| Dócil se
muestra la niña, con seducción y arrebato Y cómo avisada está, de lo que al Rey, le es más grato Va a perfumar sus cabellos, y a continuación peinarlos La suavidad de la dama, los perfumes de Damasco Las especias de Bagdad, los vinos del Semontano La amapola de la vieja, en la alcoba relajado Cubren con manto de sueño, los ojos del soberano |
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| La dama de
Güera mira, al dormido enamorado Lo mira con gentileza, casi lo encuentra guapo La dama de Güera mira, la señal de que han entrado Los cristianos en Alquezra, y rodean el palacio Y con mucha gentileza, saca el ultimo regalo Que en el moño escondido, para el rey ha reservado. Y con gentileza mucha, La garganta ha cercenado Con mucha, mucha fineza, del tirano enamorado |
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| Mientras la
turba observa, los balcones del serrallo Aparece en una almena, un pañuelo ensangrentado La brava dama de Güera, se coloca a buen recaudo |
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| Con los
gritos de las gentes, y relinchos de caballos Se despiertan caballeros, y berberiscos soldados Con la muerte de su rey, y de cristianos cercados Su vida no vale nada, han quedado deshonrados Visten sus mejores galas, de caballeros armados Con los pertrechos de guerra, y montando en sus caballos De las bestias ciegan ojos, con vendajes apropiados Por la muralla que da, del Vero al alto barranco Con monturas y sus armas, se precipitan abajo. dejando rastro de sangre los caballos despeñados sobre la escaparda roca, como testigos marcando para siglos venideros el final de los tiranos. |
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"Este es el viejo romance | ||||